miércoles, septiembre 07, 2011

Persistencia

Déjalo todo. Que nada entre. Que nada salga. No hay lugar ya para nosotros. No hay nosotros. Ni ayer. Ni nunca ha habido ahora. Todo en este loqueseaquenohay ha sido condena. No quiero sentir nostalgia del mañana. Pero todo en mí “fue naufragio”. Las escaleras y descansos que sin duda hubo. Las anclas de papel que fueron tu recuerdo penetrado por las aguas más duras. Me repito en las mismas estúpidas palabras, una y otra vez, espejo. Nada hay de transparente en las aguas que son cielo. Ni azul ni verde es la cabeza de la paloma. Un poco más de nada para hoy, si es posible, gracias. A propósito de cosas, ya no hay pan en esta mesa. Me río porque no lo entiendo. Y necesito entender aunque sea uno de los miles de ruidos que salen de mi boca. Me río porque todo es cada vez más distancia y persistencia. Toda la que me ha sido negada.

Donde esté. Donde quiera que me encuentre ahora. Quiero decirme que tengo las manos rotas. Cada aguja que piso en el césped susurra de mis labios una cálida promesa. Sólo si dejo de usar la calidez como pretexto. Si dejo de sentirme de esta ropa y a esta tinta. Tengo que cerrarme con dos guardas, Que nada entre. Que nada salga.

No quiero más oír de estas gentes que me hablan desde los huesos. No me nombres de nuevo con las seis letras que temo porque no hay mensaje y si lo había lo he de haber olvidado al mismo instante. Me lo dieron en el mismo cofrecito rojo en que venía la belleza. Lo guardé en un huequito y me comí la llave. Ya no sé cómo gritarle. Que me alcance el periódico y me prenda el tabaco. Que me coma el miembro y me lo arranque. Que me sangre de semen y de sombra. Que me quite la marca de los senos. Que me ponga tetas y me llame amor. Que me pida obediencia y se deje dar con rabia. Que no deje que entre. Que no deje que salga.

Quiero ser el sol que pare la tierra y me cabe en la mano. Quiero estar preñada de angustias tanto como quiero no perder más esta esperanza estéril. Persistir en lo que haces y no hago. Persisitir en que persistas por mí. La bicicleta perdió su última rueda y ya no piensa en regresar.

Cómete la polenta que mi cráneo guarda. No temas si un gusano terminas devorando. Deja que viscosa, se te deslice por dentro mi única verdad: el ala del cuervo, el tacón de aguja, la erección permanente, las garras púrpura, los senos afilados, la boca que espera, las uñas tersas, las cejas mutiladas y mil cremalleras que me marcan el vientre.

Baja una.

Déjalo todo.

Que nada entre.

Que nada salga.

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