Podría dejar de fumar en este preciso instante. Podría ser otra ya mismo. Podría negarme a las inifinitas posibilidades del desorden y hacer algo con mi vida. Mi vida. La que creo mía. La que espero y no llega. La que está ahí esperándome mientras me encargo de juntar una letra con otra para no poder nombrar ni siquiera este momento. Todos los nombres del mundo no son más que un espejo roto. Dejar de fumar y llamarme Ana. Dejar de fumar y llamarme Pablo. Dejar de fumar y mirarme en el espejo y constatar así que es cierto, que el cigarrillo envejece y causa disfunción eréctil. Hoy que soy Pablo y estoy solo y no respondo ni a mi propia mano. Hoy que soy blando y nada me conmueve. Me llamo Ángela y no hay mayor incoherencia para alguien que puede tener lo que sea en sus labios, menos un mensaje. Yo ya no digo. Mis dedos se mueven buscando los recordatorios de lo que fuera un mundo. Las palabras que existieron, las certezas. Podría dejar de fumar y quedarme acá. Podría no encender este cigarrillo. Tener ojos de bosque o de furia. Tener labios de niña. Un gusano me come la carne de manzana que el cráneo aprisiona malamente. Un río de sangre convierte en mercurio la lengua que saborea estas casas, estos autos, estas sombrillas rotas y el humilde pan de la mesa que no tengo. Yo veo la concavidad de la máscara. Pero no distingo entre los rostros y la copa. Junto flores para poder quemarlas y me corto los dedos de los pies antes de subir las miles de escaleras. Dejar de fumar y usar zapatos. Dejar de fumar y ser un triángulo. Creer. Nacer por fin. Parirme en este gris saliendo de mi boca. La entraña estéril canta una canción de cuna y este instante es un círculo de humo.
4 comentarios:
Podría decir que está interesante. Pero la verdad está más que eso.
Preciosa poética, aunque dejar de fumar es tan fácil si solo aprendemos a odiar el humo y optar por el verdadero fuego.
Saludos :)
Me gustó. Mucho.
Un saludo.
Pero si fumar es un placer...
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