sábado, diciembre 19, 2009

Colombia 2010: un palacio de justicia

La imagen fue tomada de la revista AMAUTA

Es una coincidencia que no sé si llamar feliz, pero sí por lo menos aventurada, que en el programa del jueves de Hollman Morris, Contravía, hayan entrevistado a “Popeye” con respecto a hechos como el atentado del avión de Avianca, la muerte de Lara Bonilla y la de don Guillermo Cano. Coincidencia porque ayer salió el informe de la Comisión de la Verdad encargada de esclarecer los hechos ocurridos en la toma del Palacio de Justicia. Lo digo porque nos permite reflexionar sobre el papel de la comisión en sí y nos hace cuestionar la seriedad de su informe, ¿qué hay detrás de la cortina de humo?
Por una parte, en este país donde el gobierno quiere tener Cortes de bolsillo, Fiscalías y Procuradurías de bolsillo, esta “efectiva gestión” puede parecer un verdadero logro, una muestra de la posibilidad de reivindicación, de recuperación y sanación de uno de los hechos más traumáticos de este país. Sin embargo, como siempre ha sido, pareciera desatender la obligación moral de quienes en realidad causaron la mayoría de las muertes. Me refiero a que esta obligación siempre ha sido de palabra, y que nunca se ha visto en este país una verdadera acción que contemple la posibilidad de distribuir las culpas de manera igualitaria. Las Fuerzas Militares, nuestros héroes, duermen con la conciencia tranquila desde 1985, nadie lo duda y a nadie le sorprende.
¿Cuál es la credibilidad de un informe que señala los supuestos vínculos entre el cartel de Medellín y el atentado del M-19 en un país donde la derecha gobernante también está untada del dinero sangrante del mencionado cartel, como afirmó Velásquez en la entrevista? ¿No es cuestionable, por lo menos un poco, la relación que establece el informe, a la luz de las acciones del mismo cartel en contra del M-19 con el movimiento MAS, por ejemplo?
Por otra parte, las afirmaciones de Carlos Medellín sobre la necesidad de que Navarro y Petro vayan buscando un abogado, ¿no deberían recaer también sobre los otros actores participantes el día de la toma?
Las declaraciones de Popeye, más allá de la credibilidad que se les quiera dar, deberían abrir un campo serio de cuestionamiento por parte de la opinión pública sobre las verdaderas relaciones políticas establecidas por el cartel de Medellín con la clase dirigente colombiana.
Nuestra heroína Noemí Sanín, al mejor estilo de Pilatos, se lava las manos y defiende el manejo amañado de la información sobre el atentado, momento en el que ella era Ministro de Comunicaciones. Nunca será entendible para mí, que mientras se tomaban el Palacio y las Fuerzas Militares precipitaban la muerte de los mejores magistrados que ha tenido la historia de Colombia, los colombianos estuvieran viendo un partido de fútbol. Pero ella salvó el día y todos les agradecemos y esperamos que algún día dirija el destino de este país.
Por supuesto el informe de la Comisión de la Verdad narra la verdad: la verdad que debemos creer, la verdad sedante y tranquilizadora, la verdad que nos hará pasar una Feliz Navidad y un Próspero 2010.
Así las cosas, este año para Colombia termina como empezó: todos muy felices y muy tranquilos sabiendo que los mejores hombres del país nos dirigen, que esta es una verdadera democracia, que debemos confiar en nuestros héroes y que los inmundos mamertos de la izquierda y la oposición son una caterva de criminales que hacen burla de nuestra amada sociedad con sus aspiraciones políticas incoherentes con su pasado criminal. Nosotros los colombianos de bien, debemos creer en esa verdad e ir a las urnas a votar por el único Gobierno que nos ha devuelto la fe, la esperanza y la posibilidad de bajar a la finca tranquilos todos los fines de semana. Y que se jodan esos hombres rectos como Alfonso Ibáñez, que este país no necesita a la Corte Suprema de Justicia si nuestro Presidente y sus súperamigos son el verdadero Salón de la Justicia de este pueblo de fufas y gandules.
Hay temas más importantes que el asedio a la Corte, finalmente, como el hecho de que Juanes sea de nuevo elegido hombre del año. Que nuestra loba barranquillera hable de la educación y de sus obras benéficas tan necesarias en un país en donde el Estado ignora temas tan importantes; la obligación de estos remedos de artista es ésa, llegar a donde el Gobierno no llega: eso no deja de ser triste. Más allá de las buenas intenciones de nuestras malogradas celebridades, Colombia enfrenta hoy más que nunca la ausencia de un Gobierno que garantice el bienestar de los ciudadanos; sin embargo, nuestros embajadores en el exterior, como los dos citados, puede ser que hagan tanto mal al arte pero tanto bien al pueblo que para el año siguiente deberían ser ellos quienes negocien el incremento del salario mínimo. Mínimo Shakira puede sacar de su bolsillo el monto del aumento, cosa que, extrapolada, sería tan benéfico como que Pablo Escobar hubiera pagado la deuda externa. No estoy cuestionando a nuestros artistas ni sus grandes corazones –y tal vez ésta sea la única oración sin mancha alguna de ironía de este escrito-: cuestiono a un país tan corto de miras que se contenta con los pañitos de agua tibia que ellos le puedan poner a nuestra febril miseria.
Cuestiono a un país del cual soy orgullosa ciudadana pero que me hace avergonzar con su falta de coherencia, al preferir en el prime time todas las producciones que resaltan los antivalores sembrados por el narcotráfico y la corrupción política que nos han llevado a este punto de decadencia moral e intelectual en el cual la mayor aspiración de mis compatriotas, y hasta de pronto mía cuando sueño con ganarme el baloto, es la de conseguir nadar en dinero sin trabajar para llenar la piscina. Razón por la que libros como “Mi confesión” de Carlos Castaño se venden más que “Lara” de Nahum Montt.
Muchas veces me han dicho que en vez de criticar el país que me da de comer me largue. No quiero. Amo a este pedazo de tierra cada día más estéril. Y como lo amo, le digo la verdad, no la verdad fruto de las comisiones amañadas: la verdad que vivimos y respiramos desde nuestra infancia los verdaderos hijos de esta sociedad decadente, olvidadiza e hipócrita. ¡Que viva Colombia!, claro, después de morir y volver a nacer.

viernes, diciembre 04, 2009

Acto de contricción ante mi Ubérrimo señor, mi presidente y salvador


Yo confieso ante Dios todopoderoso y ante vosotros hermanos que he pecado… He pecado con mi lengua y con mis dedos por atreverme alguna vez a expresar mi opinión contra un gobierno que al parecer sólo ha traído bienestar a la población colombiana.

He pecado, por alguna vez decir, o pensar, que la carrera de ascenso de la mayoría de los empleados públicos del país en el que la divina voluntad me tuvo a bien, está oscurecida por dineros manchados de sangre de víctimas inocentes que fueron desmembradas con motosierras y sometidas a métodos de tortura que jamás he sido capaz de admirar como una muestra de progreso y sofisticación.

He pecado contra Dios y contra ti, mi digno e ilustre mandatario, por no rezarle a la virgencita contigo todas las noches y no escuchar tus homilías en los consejos comunitarios, y atreverme siquiera a sospechar que son un sofisma de distracción para prometer a las personas un Estado de bienestar que hace mella en nuestras instituciones, nuestras leyes y nuestra democracia liberal tan avanzada que tú, mi señor, has construido para nosotros desde que fueras gobernador de Antioquia.

He pecado, he caído, he fallado, de pensamiento, palabra, obra y omisión. De pensamiento y palabra al decir tantas veces que te has convertido en un cáncer incurable, que tu falta de entendimiento del manejo de las relaciones internacionales te equipara al capataz de una finca en el Magdalena Medio ―aunque todos sabemos que tú y tus amigos ya les quitaron esas hermosas tierras a esos inmundos campesinos para que no siguieran desperdiciándolas―, que tu política de Estado se basa en la imputación de falsas culpabilidades sobre chivos expiatorios que te sirven para ocultar la deshonestidad y la corrupción de propio e íntimo círculo de familiares y sacerdotes. De obra, porque no he salido a las calles a anunciar tu palabra, porque le digo a mis alumnos que eres un mentiroso y un hipócrita, porque no voté por ti. De omisión, porque no he celebrado los triunfos de tus hijos amados en la dura labor de hacer empresa en nuestro subdesarrollado país, porque he olvidado agradecerte por el Estado de bienestar que nos ofreces con una dieta igualitaria para la mayoría de la población; he olvidado agradecerte por tenernos comiendo mierda.

Mi señor y redentor: perdóname por sentir simpatía por ese terrorista disfrazado de estudiante de Bellas Artes que se atrevió a difundir amenazas por ese invento del demonio que es el Facebook en contra de tu hijo amado. Aleja de mí los malos pensamientos que piden un tratamiento justo del caso y una distribución igualitaria de las culpas y los castigos entonces para quienes amenazan también a esa mujer afrodescendiente del turbante que no voy a nombrar porque esto es una plegaria y nada quisiera yo más que no causarte ninguna ofensa. Más bien señor, permíteme expresar mi sumisión absoluta a tu voluntad, dentro de la cual sé que contemplas un castigo ejemplar en La Picota para el desadaptado social de Nicolás Castro, a quien sí te nombro para que te deleites, y sé que esperas que los criminales de verdad que están adentro de ese inmundo cubil de desadaptación definitiva a la vida civil terminen de matar todos los sueños y esperanzas y posibilidades de futuro de ese joven estudiante que se atrevió a calumniar y amenazar a tu hermoso retoño, el sí, suma de todas las virtudes, gran empresario y tan bueno y decente como tú mismo, mi señor.

De corazón, mi buen pastor, aleja mis pasos de esa marcha que pide la liberación del criminal que osó levantar su voz contra Jerónimo ―sí, Jerónimo, con la misma “J” de Jesús― y aléjame de las malas compañías que difaman tu nombre o el de tu sagrada familia tanto en el mundo virtual como en el real. Los únicos difamadores y terroristas que deben andar sueltos en las calles son tus enemigos, mi señor.

Propongo firmemente no volver a pecar, y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el castigo de mis culpas ―porque tú sabes que yo también he deseado a veces no saber de la existencia tuya o de tu progenie― y me has de conceder la condena eterna. Amén

miércoles, noviembre 04, 2009

Nuevo traje

Hoy tengo puesto mi dolor como una bolsa de papel en la cara.

Hoy mi dolor tiene la forma de la vergüenza y el desconcierto. Vergüenza de mí y de la belleza que no poseo, de la libertad que no puedo dar, de la necesidad de la que soy capaz

Mi dolor tiene la forma de una servilleta arrugada en mi mano y es como la grasa de la suciedad que me baña desde arriba descendiendo por cada una de las hebras. Mi carne se la traga y ahora no existe vergüenza mayor que el espejo.

Me viste mi dolor y me queda pequeño. Por todos lados mi cuerpo contrahecho intenta salir de él. Pero se me han caído los dedos y los muñones no me alcanzan para sacarme todas las correas del traje.

Me adorna mi dolor en las mejillas congestionadas e inflamadas que me tiran por los residuos de las lágrimas ridículas que llevan allí horas.

Me cuelga de las orejas con peso de desgracia y me arrastra por el suelo deformándome la cara.

Llevo el ramo de rosas de Santiago Nasar pero no tengo la decencia ni las ganas para quitarle la tierra que se le ha pegado en la caída.

Mi dolor me mira desde el agua y mi rostro es una llaga.

Este traje me está siendo

y el cuerpo desnudo que hay debajo nunca fue.


jueves, octubre 15, 2009

Días de lluvia

Hace cinco minutos venía en el carro de una amiga hacia mi trabajo, cerca a los cementerios del norte. A pocos metros de llegar a nuestro destino dos niños, uno de aproximadamente 8 años, el otro de 11 o 12, echando dedo, emparamados, con frío, esperando que alguno de los lujosos carros que se mueven por esta vía los arrastre un poco. Van hasta abajo, hacia el Club Los Arrayanes. Nosotras paramos. Mi amiga les pregunta que hacen tan temprano, mojándose a la orilla de la carretera. Ellos trabajan allá, pasean perros. "¿Con esta lluvia?" pregunta ella. "Pues señorita, hoy no creo que nos los dejen sacar porque ellos son muy delicados y no pueden mojarse; pero lo importante es que uno vaya y muestre la cara pa que no digan que fue que le dio pereza o algo". Yo quisiera preguntarles muchas cosas y no les pregunto nada, porque soy una estúpida. Sólo les pregunto cuanto tiempo llevaban ahí parados y ellos me dicen que mucho. Tienen que bajarse pues nosotras vamos a desviar, no alcanzamos a llevarlos, ya venimos muy tarde. La estúpida sombrilla, que compré cara porque "esas son las que salen buenas", en mi cartera se ve aún más ridícula. Se las doy... y lejos de sentirme bien, me siento como una idiota, porque eso no soluciona el problema. Los vemos pararse en la esquina otra vez a echar dedo. Son casi 3 kilómetros, calculo yo que carezco de razonamiento espacial, y me imagino que todas las mañanas los caminan. El menor tiene la edad de mi hijo, a quien le gusta todavía que lo cargué como bebé cuando estamos solos; ése que, aunque lo oculte de sus amigos, todavía duerme con un perrito de felpa.
Llueve a cántaros. Tengo los dedos entumidos mientras escribo esto, y tengo rabia. Y me siento tonta, tonta, tonta. Inútil. Las lágrimas siempre son ridículas en estos casos.
Cuando sea grande quizás entienda por qué.

jueves, septiembre 24, 2009

Patrañas de los enemigos de la patria


Al aparecer hoy en la madrugada las pruebas de supervivencia, dentro de las que se encuentra la del cabo Moncayo, no puede uno sino confirmar lo fregado que está este país. No sólo por el ya abominable hecho de que lleve secuestrado 12 años junto con varios compañeros, sino por la ola de opiniones estúpidas que desencadena. Esta mañana a las 6:30, ya había 93 comentarios en la noticia de EL TIEMPO, muestra fehaciente de que la estupidez no descansa. Casi todos apuntaban al desmerecimiento del cabo Moncayo para ser liberado. ¿Las razones? que se había vuelto un "vendido", un adorador de Chávez y Piedad Córdoba, un guerrillero más.
Las críticas al soldado en cautiverio se centraron en su frase "Señor presidente, abra la puerta, quiero ser libre". Entonces, han saltado todas estas personas de bien, uribistas por supuesto, a decir que la culpa no es del gobierno, que el gobierno no debe retroceder, que deben ir a "bombardear a todos esos terroristas". Lamentable, pero no sorprendente, que el respeto por la vida sea un concepto desconocido por el colombiano promedio; claro, cuando se trata de la vida de los otros. ¿Opinaría usted lo mismo si fuera su madre o su hijo quien estuviera secuestrado?,
¿si fueran los hijos del presidente o algún otro de los pesos pesados de la política en Colombia?, ¿seguiríamos con esta política de la supuesta "mano dura"?
Es tan terriblemente repetitivo el afirmar que los intereses de la clase dirigente colombiana son prioritarios, no el problema de los 20 millones de hambrientos. Se cansa uno.
Lo que me preocupa es que por más repetitivo que sea uno, es una pobre golondrina intentando hacer verano en donde la adoración ciega por nuestro actual gobierno nos tiene al borde de vivir un tercer periodo presidencial que sin duda alguna representa no el interés de continuidad de un programa de gobierno, sino la perpetuación de un individuo en el poder. Afortunadamente los colombianos parecen no saber quién es Fujimori y pueden dormir tranquilos y levantarse sonrientes.
Es que somos un país sumamente inteligente. Lo que se nota en nuestra clase política que para opacar a los miembros de la oposición de delincuentes, "comunistas, guerrilleros, mugrosos, piojosos", como le sucede a cierto precandidato conservador de cuyo nombre evito acordarme, en su campaña que ataca frontalmente a la senadora Piedad Córdoba. Y no estoy defendiendo a nadie, sólo hablo en virtud de los resultados de las gestiones de unos y otros.
Pero bueno, sabemos que hablar sin pensar es el deporte nacional. La gente opina y opina y lo mejor de todo es que ataca con sus opiniones sin importarle las herramientas que utilice, sin preguntarse nada. Vivimos repitiendo lo que Julito o Vicky Dávila nos digan que pensemos. Ayer nada más, estaba yo indignada por el hecho de que en RCN se refirieran como "drástica" a la sanción de la Procuraduría sobre los auxiliares bachilleres que participaron, aún como espectadores, en la violación de una niña de 14 años en el parque Tercer Milenio de Bogotá; no falto quien me cayera encima, haciéndome "saber" que aún falta el fallo penal... ¿será que no se da cuenta de que la sentencia va a ser igual o más ridícula que la sanción?, ¿es que no somos concientes de la perversidad de nuestro sistema penal?, ¿es que hasta que no los sentencien no tengo derecho a indignarme?... Claro que no, bruta que soy, si RCN celebraba la "drástica" sanción yo para qué me quejo.
Sin embargo sé que estos temas no son importantes. Eso es claro porque tantos millones de personas no pueden estar equivocados. Importante es que Juanes es el Bono latinoamericano.
Importante es el último video de Shakira. Todo lo demás son patrañas de esos terroristas, guerrilleros, comunistas, enemigos de la patria.

martes, septiembre 01, 2009

Hace 8 años no sabía...





Para mi hijo Jacko, en su cumpleaños


Hace ocho años no sabía si sería el fin de nuestras vidas o sólo el inicio de la tuya. Como todas las grandes cosas, te anunciaste de manera definitiva, como algo después de lo cual no quedaría nada en el lugar en el que solía estar. Tenía 19 años, los había cumplido el 26 de agosto anterior. No quería que todo terminara; quería que de alguna forma, te quedaras en donde estabas un buen rato, de manera que nada pudiera llevarte un centímetro más lejos de esta unidad que conformábamos. Creí que moriría casi todo el tiempo. Pero nunca tuve dudas sobre ti; fuiste fuerte desde el primer momento, desde que empezaste a existir. Luego de horas y horas de no saber qué era exactamente lo que estaba pasando, me dijeron que había llegado el momento. Y una hora después te ví. Ví tu mano. Es lo que más recuerdo. Siempre que pienso en ti, pienso en tus manos… porque no puedo comprender el vínculo que existe entre lo que esas manos son hoy y lo que serán mañana. No puedo imaginar cómo serás pero sé ciertas cosas que se convertirán en parte de ti con el paso del tiempo y que yo simplemente no puedo controlar. Cosas del tiempo que se van quedando en el cuerpo y atraviesan lo que somos hasta hacer de nosotros una susesión de seres que se encuentran en la foto de un documento. No quiero que el tiempo te lleve. Estamos bien ahora.
Me he equivocado tantas veces y supongo que algunas de ellas te habré herido. Quiero que me perdones por no ser todo lo que quisiera. Por estar pensando en otras cosas a veces. Por ser una total ignorante para los juegos de video. Perdóname por insitir en que comas cosas que no te gustan. Perdóname porque mañana, ninguna mujer que se te acerque va a ser de mi agrado. Trato de entenderte. Yo no soportaría a alguien que me recordara todo lo que tengo que hacer, que me dijera cómo tengo que vestirme, que me hablara como un bebé en plena calle, avergonzándome.
Quisiera leer más contigo, llegar más temprano, ir al parque todas las tardes. Saber cómo se pone el candado de tu bicicleta, cómo se cargan las baterías de tu carro. Quisiera ser un padre.
Quisiera que me gustarán los mismos programas de televisión que a ti y que finalmente pudiera meter un gol algún día. No soy la mayoría de las cosas que tú necesitas.
Eso me da miedo. Me da miedo pensar de que modo soy yo yo responsable de lo que te pase y cómo soy una influencia sobre tu carácter y tu pensamiento. Yo intento ser buena… pero no lo he sido todo el tiempo. Cada día me levanto de la cama pensando en que mereces que yo sea, que yo diga, que yo piense… porque yo sé que hay decepciones que no se apaciguan nunca y yo no quiero causártelas.
Quisiera que todo fuera perfecto. Que la contaminación descendiera, que no nos gobernaran papanatas, que la música desechable desapareciera, que no hubiera tantas cosas injustas y dolorosas a cada paso del camino.
Quiero que la suerte te sonría, que la mediocridad y la pereza nunca toquen las puertas de tu casa, que te conserves lúcido y puro aun estando rodeado de podredumbre y corrupción. Quiero que de ti se diga la rapidez de tu pensamiento, la bondad de tus actos, la serenidad de tus palabras… Quiero que seas feliz en lo que sea que elijas, con quien sea que lo elijas. Quiero que elijas las cosas que te hacen bien.
Confío en que vas a vivir mucho y vas a poder sentir a fondo la vida, sin miedos ni taras de ninguna clase. Que caerás hasta lo más profundo y que vas a bailar como un loco sobre las montañas. Veo todo eso en tu cara, desde el primer día.
Has hecho cosas en mí que no creo que hubiera podido hacer nadie más. Te amo. Quiero que lo recuerdes.

miércoles, julio 15, 2009

Cambios


Y si dios existe... luce igual a David Bowie...

Como pasa desde hace algún tiempo, me miro en el espejo y no me reconozco. Sin embargo debo decir que no me desagrada lo que veo. Estoy en medio de una etapa de esas en las que todo cambia y se abren nuevos caminos y le digo adiós a la anterior versión de mí.
No puedo evitar pensar en que todas las cosas terminan cayendo de alguna forma extraña en el lugar que les corresponde y a veces, no puedo creer que yo sea en parte responsable de los cambios.
Cambio de trabajo. Y si dios existe, sólo él sabe cuánto necesitaba salir de ese lugar. Cómo me vi enfrentada a una forma empresarial de pensar la educación, cómo me desarmé frente a una hipocresía lo más de "polite", cómo no pude, no logre encajar en el sistema de adulaciones mutuas en el que se convirtió el lugar al que cada mañana iba a enfrentarme a la mirada vacía y ausente dle futuro de la patria. Hastío es la única palabra que se me ocurre para definir los últimos días que pasé allá.
Por supuesto, agradezco las cosas que aprendí, la gente que conocí... pero nada puede con esa sensación de martirio cada mañana cuando sonaba el despertador y sabía que debía ir a ver la cara de los nuevos "dueños del balón"; buena gente, de pronto, pero de esas personas que nunca se equivocan. Esa gente que se cree tanto el cuento de que son profesionales en lo suyo sin serlo, que son pura charlatanería disfarzada de discurso pedagógico, que tienen ese puesto tan bien agarrado que sólo tienen como arma la patada para quien los haga dudar. Creo que si no hubiera tomado la decisión de irme igual, me habrían ido. Tal vez no ahora. Pero en el futuro cercano ya me veía yo con el arma lista, con el dedo del medio levantado frente a su cara.
Sin embargo, partir no es fácil, porque además de esas triquiñuelas burocráticas, había gente que me hacía sonreír, conversaciones inteligentes y faranduleras, amigos. Sin embargo, hoy que se veo aproximarse a pasos agigantados la llegada a mi nuevo trabajo no puedo dejar de desearme buena suerte y de pensar que mi salud mental y mis rodillas me agradecen el haberme ido.
Así que ahora, hay que volver a emmpezar. Con miedo por no saber si sea yo digna de tales ministerios (que no serán muy altos pero sí están unos escalones y pesos más arriba).
Cambio de escenario. Y si dios existe sólo él sabe cuánto necesitaba llegar a este lugar. Ahora tengo una casa. Nuestra casa. Mi casa. Y casi no puedo creer lo feliz y tranquila que me siento en este rol de esposa, de compañera, de madre. No puedo creer que por fin, después de tanto tiempo, sea tan libre de estar en mi casa, de sentir que llego a un lugar en el que todo me está permitido. ¿Y las responsabilidades? Eso es lo mejor. Nadie sabe cómo es de valioso para mí hacer los oficios, cocinar... simplemente estar aquí. Contrario a mi vida anterior, tengo estas ganas de quedarme acá todo el tiempo, de que el día pase rápido para llegar de nuevo, de dormir abrazada, de contar cuentos antes de dormir. Esas pequeñas rutinas le han dado sentido a todo, todo, todo lo malo que haya podido pasar. y ya no me puedo imaginar otra cosa. No puedo pensar en regresar de algún modo a mi vida anterior.
Cambio de gustos. Mejor dicho, los amplío. Me intereso en cosas nuevas, me siento tan despierta. Regreso a la maestría, aprendo nuevos idiomas, aprendo nuevas recetas ya hasta escucho programas de noticias en la radio. Tal vez envejezco, lo sé. Y me encanta. Me encanta pensar que todas esas inseguridades, miedos absurdos, ataques de ira y accidentes estúpidos se van quedando atrás.
Cambio. Todo cambia a mi alrededor. Y aquí estoy. Como si acabara de despertar. Como si de pronto todo hubiera terminado y entrara en una nueva temporada.
Estoy feliz, orgullosa, asustada y siento una extraña sensación de lucidez.

martes, mayo 12, 2009

A ver realidad, ¿usted y cuántos más?


Nunca me he podido, ni me podré explicar, creo, el conflicto tan impresionante que algunos padres y maestros tienen con la realidad. Yo sé, más que nadie, que el mundo puede ser una grandísima porquería, que cada vez estamos más llenos de peligros -y sobre todo de miedos-

nuevos; que las cosas malas se suelen conocer en la calle y no en la casa, que las ciudades son inseguras, que hay pobreza (¡horror!) y dolor y miseria.

"El mundo fue y será una porquería, ya lo sé" cantó el tanguero, pero no va a dejar de serlo porque dejemos de salir a la calle, porque dejemos a nuestros hijos y alumnos encerrados en una caja de cristal.

Por supuesto, la sobrexposición a películas violentas, escenas con contenido sexual fuerte y lenguaje soez a temprana edad, no me parece una alternativa saludable; sin embargo, la solución no es simplemente prohibir el programa de televisión, botar el libro, prohibir la amistad con el niño que dice groserías.

Para ser sincera, yo nunca escuché una grosería en mi casa: hoy mi boca es una alcantarilla cuando quiero. He visto miles de películas de terror y aún no he salido con una motosierra a acariciar a la gente a la que no le simpatizo. Me encanta ver campeonatos mundiales de baile y soy una pésima bailarina.

Lo que me aterra y me preocupa a la vez es que la propuesta de muchos educadores se centre en el uso de estrategias que permitan convertir a los colegios en ambientes tranquilizadores cada vez más alejados de la realidad ostensiva; lugares cómodos en los que todo este construído con "azúcar, flores y muchos colores". Desde esta perspectiva hay programas de televisión que los niños no pueden ver, palabras que no pueden decir, prendas que no pueden usar -lo que resulta entendible en cierto grado- pero también parece haber obras literarias censurables. Aunque resulte difícil de creer, aún existen libros, obras de teatro, películas, que de manera sutil se prohíben en los colegios.

Entiendo que el Marqués de Sade no es la mejor lectura para un niño de 8 años o que Rambo puede no ser considerada como una obra maestra del cine... pero ¿quién soy yo para decirlo? El punto es que los criterios de "censura" de obras literarias en los colegios son siempre arbitrarios y casi siempre son fijados por personas ajenas al trabajo de un aula de clase en la que se dicte literatura; a veces las personas que censuran no han leído las obras; pasa lo mismo con las obras de teatro y las clases de drama y no faltará el profesor de biología o inglés que también tenga sus conflictos institucionales.

Puede ser también que se censuren cosas que no se conocen.

En este punto, dirá algún lector, la palabra censura resulta fuerte. ¿Censura en los colegios?, ¿en esta época? Bien sea a modo de sutil sugerencia o amable petición existen muchos docentes que no pueden dictar sus clases con las herramientas y libros que quisieran utilizar; algunos no pueden llevar a sus estudiantes a una salida pedagógica: creámoslo o no hay padres temerosos de que sus hijos "se unten de pueblo".

El tipo de padres al que me refiero es el que al sorprender a su hijo viendo una película violenta apaga el televisor, grita, prohíbe y no da explicaciones. O el que bloquea los canales sin avisar. O el que prefiere que su hijo no salga a jugar con los niños del conjunto porque "vaya uno a saber que mañas tienen". O los que creen que todas las adolescentes son unas libertinas pero su hija es una blanca paloma.

No existe un manual para ser buenos padres, ni buenos docentes -así las facultades de educación digan lo contrario- pero yo pensaría que todo tiene que ver con el equilibrio, con la serenidad, con el conocimiento. Hay que informarse, hay que leer, hay que aprender: no puede uno dejar a su hijo en la casa porque estornudó, ahora con esta epidemia de la gripe. No puede uno encerrarse en el clóset a vivir de enlatados y agua que se filtra por una grieta de la pared.

Del mismo modo, no podemos pretender que los niños y los jóvenes no escuchen jamás una mala palabra, no tengan amigos, no salgan. Mostrar, explicar, no es defender. Esa postura retrógrada según la cual las clases de educación sexual promueven la promiscuidad; la declaración de Benedicto XVI en contra del uso del condón; la prohibición de una obra de teatro porque la protagonista es una prostituta y tal vez los estudiantes crean que esa es una opción laboral; sugerir que una película no se vea porque como el actor se suicidó de pronto empieza una epidemia de suicidios.... Esa postura retrógrada no es un intento de proteger, es un perverso modo de insultar la inteligencia de hijos y alumnos.

¿Será que los jóvenes son tan, pero tan, pero tan poco inteligentes?, y de serlo ¿no será que la falta de contacto con la realidad ha influído?

Es triste que haya personas jóvenes con miedo de salir a la calle, o que no saben cómo defenderse y movilizarse en la ciudad... bonitos inútiles cuyos padres se encargaron de encerrar en una burbuja que irremediablemente explotará a la muerte de éstos y que dejará a aquellos de cara frente a un mundo que aunque cruel, es capaz de contener una cierta belleza que les será ajena siempre. En tiempo de la aldea global, para estos niñitos consentidos el mundo vuelve a ser "ancho y ajeno".

Acostumbrados a vivir en una mentira acaramelada, incapaces de enfrentar a la realidad y mucho menos de cambiar el mundo.


lunes, abril 20, 2009

¿Vale la pena ser lambón?


Me emputa la lambonería. Me emputa la gente que puede pasar sin darle un buen regalo a su chino en el cumpleaños pero tiene que ser la que más pone para la vaca del cumpleaños del jefe. Me emputa la gente arrodillada que no tiene otra forma de destacarse distinta a su amabilidad y "acomedimiento". Me emputa cuando la gente no es acomedida por vocación sino por conveniencia. Me emputa la gente que a la más mínima voz de plata o de nimio reconocimiento es capaz de vender a la mamá con tal de congraciarse con el mundo.
A todos nos ha pasado. Tenemos un compañero de trabajo que no hace nada, consumido por el desorden, mediocre como él solito el pobre (aunque él se cree el pipí del niño Jesús), ahorcado con la cantidad de vainas que todavía tiene pendientes; en la época de renovación de contratos o de ascensos o de restructuración, acudimos a una transformación más que milagrosa: del desorden de antaño, la quejadera, la falta de planeación, todas esas virtudes que caracterizaban al sujeto en cuestión.
Es diferente ser un genuino culipronto (el que siempre ofrece su ayuda desinteresada, de corazón y se ofrece para hacer tareas porque quiere y no porque busca congraciarse, el que ayuda y cede el puesto, el buena gente por excelencia, miembro de ANACUPRO ) a ser un arrodillado convenenciero.
Conozco personas que son capaces de negar los principios que les inculcaron en sus casa, de cometer fraude, de traicionar amigos de acusar a gente inocente de actos innombrables y mostrarse impasibles frente a las consecuencias con tal de mantener su imagen frente a los superiores de turno.
Conozco personas que siempre están de acuerdo con la opinión del jefe así los perjudique. Y esa gente suele ser tan estúpida que a veces no se entera de que los comentarios despectivos del jefe también van dirigidos hacia ella.

¿Vale la pena ser lambón? Probablemente sí. Más allá de ganarse el desprecio de sus compañeros de trabajo, de verse expuestos al ridículo constantemente y de poner de manifiesto su mediocridad excesiva, los lambones suelen lograr lo que quieren: perpetuarse en sus tareas triviales, asegurar el sueldo, convertirse en parte del mobiliario de la empresa. A la vez, se les reconoce como personas faltas de criterio y carácter y todos los que les rodean tienen claro de que son palomas mensajeras del jefecito.
Si lo que uno quiere es asegurar sus tres monedas mensuales, sí. Vale la pena ser lambón.

Con los cambios de administración de las organizaciones los lambones suelen salir. y su falta de mérito les impide reubicarse de manera rápida; lo importante es que tan pronto se ubiquen de nuevo volverán a ser los perritos falderos del mandamás de turno y defenderán a capa y espada los principios que otrora denigraran.

Sus antiguos jefecitos se olvidarán de ellos. Sus antiguos compañeros evitarán saludarlos. Y estos mediocres hombrecitos seguirán sonriendo mediocremente, sintiéndose felices de nunca quedar mal con nadie, con un regustillo a mierda en lengua de tanto haber lamido traseros.

sábado, abril 11, 2009

Habitable de nuevo


La ciudad con la que me reconcilié gracias a ti. La imagen, salió de aquí

Hace mucho no me montaba en ese bus. Hace mucho no pasaba por esos lugares en los que dejé regada mi juventud. Hace mucho no salía a caminar por el centro. Cosas que uno evita, calles que le recuerdan ese que fue y que no debió haber sido. Palabras dolorosas que escuchó, miedos, inseguridades y todo el stock de pendejadas que hacen que definitivamente los pasos obvien esos trozos del paisaje.
Me he dado cuenta de que mi relación con la ciudad se había roto de un modo tal que aún no comprendo cómo logré salir de mi casa y divertirme (o posar de divertida) y hasta conocer gente nueva.
La cuestión es que los viejos lugares me recordaban esos viejos "amigos", esa viejas costumbres. Y de pasar por ellos ya no los habitaba sino que era la eterna visitante. Perdí grandes regiones. Perdí antros, perdí museos, perdí parques, perdí andenes.
Nunca me propuse no volver, es decir, no volver a estar de verdad. Nunca me propuse mudar mis pensamientos y mis emociones. Pero era doloroso, digo, querer estar en cualquier lado que no fuera ese hogar, esas calles que fueron casa.
Cuando iba hoy en el bus rumbo a tu casa sentí una suerte de iluminación. Lo recordé todo. Fue como si todas las cosas que había reprimido y arrugado vinieran a mí sin dolor. Y la calle se vio limpia, inocente. Los lugares se vistieron de nuevo y ese dolor desnudo, esa soledad, ese vacío, fue remplazado por nuevos instantes.
En el lugar de las malas palabras y de las humillaciones aparecieron caricias y palabras nuevas.
Y el andén volvió a ser amigable y hasta los perros dejaron de ladrarme.
He vuelto a los lugares de mi esplendor y decadencia. Y ya no tengo miedo.
Es extraño. Jodida y tiernamente extraño. Tal vez tus ojos extranjeros que bautizan cada esquina de la ciudad me presta su mirada...y entonces toda la ciudad es nueva y amiga, aún cuando lleve toda mi vida acá. Me has reconciliado con los lugares, con las casa, con los buses, con los parques, con los perros, con los gamines, con el humo, con los olores, con la desastrosa malla vial...
Había perdido a mi ciudad. Había perdido la capacidad de hacer mía cualquier ciudad y ahora, fíjate, el mundo es bombón y yo lo tengo en la mano: le paso la lengua, te lo ofrezco, tú lo lames también.
Vuelvo a habitarme gracias a ti. Regreso a mi ciudad. "Por eso yo regreso a mi ciudad". Tú resignificas el espacio.

sábado, febrero 28, 2009

Caer con estilo: fiesta de cumpleaños para una niña mala



Este blog cumple tres años.
Hace tres años. Hace tres años llegué a este lugar. No me voy a dedicar a decir por qué los blogs son útiles o no, cuál es su futuro. Hace tres años, sinceramente me importaba un jodido rábano el futuro de cualquier cosa.
Si me preguntan, debo decir que estaba demasiado ocupada hundiendo un dedo en mi propio trasero por andar pensando en que así me amarían más. Basura.
Hasta que un día dije, "mierda, necesito espacio". Eso me ha dado esto. Espacio. Un lugar que necesitaba. Esos cinco minutos de más. Un lugar donde pudiera acomodar la caída, donde pudiera por fin caer con estilo.
En esa odisea buscando al menos un destello de los ojos de David Bowie (que de existir sería Dios), decidí evacuar toda la sarta de palabrería que tengo atorada entre las sienes de vez en cuando. A veces, parece que olvidara que este lugar existe. Pero a veces, es como la terapia ocupacional de las clínicas de rehabilitación: no te sirve para nada importante pero por lo menos tienes las manos ocupadas.
Cosas que sé... hace tres años era una versión más amarga de mí. Y quién iba a pensar que me reconciliaría con la vida. Quién iba a pensar que conocería a mi amor. Quién iba a pensar que en medio de toda esta gente, conocería personas.
Y sí. Como en el mundo de afuera, las cosas pueden ser una absoluta mierda... y a nadie le importa la seguridad de tu cabeza más que a ti. Y hay peleas que algunos asumen que también deben ser tuyas. Y hay mujeres con el síndrome de Helena de Troya. Y gordos grasosos, peludos, borrachos y pedófilos que se hacen pasar por rubias voluptuosas. Y hay personas, buenas, quejetas, medio ingenuas, intensas, graciosas, feas, estúpidas... personas que me ha alegrado conocer, otras que espero no conocer jamás debido a lo que ya sé de ellas.
Una fuerza nueva. Una fuerza para dejar el pasado atrás.
Este lugar ha sido para mí una disección de mi insignificante y mísera persona. Y debo decir que aún así, no estoy jodida. Todo lo contrario. Soy feliz.
Porque leer hoy esta montaña rusa emocional de los últimos tres años y ver que lo que entonces me importaba era una nimiedad y haber seguido adelante y haberme encontrado con él y ver que sí se podía y que lo merecía y que finalmente todo iba a estar bien.
Amigos de menos, kilos de más, opiniones divididas, responsabilidades multiplicadas. Una rueda que gira y gira y no se detiene dándome el premio que a la puta suerte le venga en gana. Aún así, aquí.
De frente al viento. Con una lista más amplía de lo que no me gusta. Con menos carga. Con menos complejos.
Eso es lo que vale la pena de los tres años de este blog. Y el recuento de todo eso está ahí,en el archivo. Quien quiera leer que lea. Hoy lo hago yo.
Un abrazo. ¿Para quién? Para mí. Para mi amor.Para los cuatro gatos que leen esto. Para los que me hacen el honor de no venir.
Esta es la fiesta de cumpleaños del lugar donde la niña mala vino a darse cuenta de que era buena.

domingo, febrero 15, 2009

Algo debes enseñarnos


No habla la moneda más brillante del estanque. 
No falta quien piense que soy  la moneda de 5 pesos, de las grandes, guardada en un baúl, con hongos, con moho, si se quiere. Lo digo porque no soy lo más grande, ni lo más bueno, ni lo más bello. 
Más bien todo lo contrario. 
Y aún así critico, dirán muchos.
"Sucede que me canso de ser hombre"  dijo el bueno de Pablo Neruda. Así, sucede que me aburro, me canso, me harto de la gente, me harto de su olor, de sus falsos intereses en mi bienestar, de su constante afán de demostrar que son más o menos, de las falsas modestias, de sus síntomas que desconocen, de la esquizofrenia con sus delirios de grandeza y de persecución. Me hastío, me canso de la murmuración, me canso de que las mujeres no se aguanten que haya mujeres más hermosas que ellas. 
Me canso de que algunos hombres siempre quieran alistarse en el concurso de la verga más grande. 
Me canso de estar rodeada de tantas beldades. Me preocupa que tantos cuerpos bellos contengan tantos complejos. Me pregunto por qué yo, con más razones, me preocupo menos. Me hastío, me tuerzo y me descoloco con la grandilocuencia de los que han hecho muchas cosas grandiosas -y está bien que las hayan hecho, eso no me molesta- pero que creen que sólo por el hecho de repetirlas en voz alta a la menor oportunidad todos tenemos que celebrarlo... fíjate que el mundo sigue más allá de las victorias personales y por lo tanto insignificantes de nuestra existencia.
Me aburre el síndrome de Helena de Troya, la necesidad de algunas de ser un trofeo que los hombres se disputan. Me aburre el  remedo de síndrome de Capgras que algunos padecen y que produce esas estúpidas cadenas de "antiguoamigode-ahoraamigode-aúnenemigode-perodenuevoamigode" porque, ¡reacciona colega! no eres lo suficientemente importante para que tus seres queridos sean suplantados por robots. 
Así y todo, serías capaz de rebanarle la garganta a tu padre para ver los cables.
Nadie está en tu contra, nadie va a dañarte. Nadie saca nada con tu muerte. 
Me refiero a algo verdadero.
Aquí en la tierra te necesitamos, estamos los que vivimos. Te necesitamos así seas un hijo de puta. Algo debes enseñarnos.
A qué pelear por ser el rey o la reina de territorios nimios como éste, el de los susurros o el de los ecos... la cuestión es que a veces debajo de la corona no hay cabezas.
Entre la desgracia de la falta de seso ajena y propia. 
Lo que importa es que igual amo, y me encanta. Y hay gente que también lo hace y no necesita tanta parafernalia. Hay amigos, lejos, en el tiempo y en el espacio. Hay cosas hermosas. Sonrisas, besos, platos para lavar, domingos en pijama. Y no tenemos necesidad de preguntarte cómo van tus cosas sólo para cerciorarnos de qué tan bien o mal van las nuestras. 
Hay lágrimas y golpes. 
Tristezas. 
Y también los orgasmos más grandes del mundo... pero reales.
Hay ojos que nos miran, gente que nos extraña y la que no quiere volver a vernos nunca.
Está también el vacío, lugar importante y menospreciado de la geografía cerebral. Los baúles mentales a los que se va lo importante. la forma en que "cualquier conocimiento nuevo desplaza al anterior". Las ganas de leer (pintar, tomar fotografías, pintarse las uñas, cocinar...) y la verdadera intención de no hacerlo.
Ahí estamos. Mientras los payasos de los capitolios y los palacios nos quitan nuestro derecho a darnos besos, echarnos un polvito, tener hijitos. Y nuestros congéneres tan preocupados por ser el que más aguante tomando cerveza. Aunque no tengo nada en contra de la cerveza, aclaro, todo lo contrario.
Ya pasó el momento de preocuparme por si estoy gorda. Algún día amigo, amiga, pasará ese momento para también.
Mientras escribo esto me digo "¿qué sentido tiene?"... este hastío es también estúpido. Con el trasero frente al computador o marchando en las calles, bañándose desnudo en las fuentes, tomando whiskey barato en los andenes, investigando curas para el SIDA, quejándote del gobierno, poniéndole el culo al Imperio para que a tu país se la hundan bien rico, chupándole la verga a tu jefe por un ascenso, acariciando la cabeza de tus hijos, siendo una santa, un gil, una puta, un marihuano, un sacerdote sodomita, un santo varón, un amoroso padre, una jodida estrella de rock, la reina de tu puto grupo de amigos insulsos que te creen la impoluta flor, el resentido que odia el día de San Valentín porque no tiene novia y le toca pajearse o el conciente que lo odia porque  es un tentáculo del monstruo capitalista o el enamorado que lo celebra para tener un alfiler más con el cual clavar su esperanza y felicidad pequeñita pero sincera; aún si eres la mejor madre del mundo o si tan sólo haces un esfuerzo para no quedar como una imbécil... cómo sea que la espada te haya herido hay algo que nos es común: esta herida es la que nos hemos autoinflingido.
Esta herida es la vida. Y este dulce aroma de rosas. Esos lugares a los que les tomaste una foto pensando que los recordarías al verla. Esas ilusiones que perdiste. La alegría de verte en los ojos de quien amas (que yo hoy siento). Recordar que hay otros que sufren más que tú y que la felicidad ajena deje de mortificarte.
Aquí estamos... igual de pequeños, igual de grandes. Y todos queremos ser el héroe de una película. Y nuestra historia de amor es la más hermosa obra de arte.
La mía lo es.